Si alguien me obliga a elegir un solo día de carretera en todo el país, elijo este sin pensarlo. La Ruta de los Siete Lagos une Villa La Angostura con San Martín de los Andes por la Ruta 40, atravesando bosque de coihues y lengas y asomándose a un lago detrás de otro. La carretera está asfaltada, en buen estado y con miradores señalizados, así que no hace falta ser un conductor experimentado ni llevar un todoterreno.
Los siete que dan nombre a la ruta son el Correntoso, el Espejo, el Escondido, el Villarino, el Falkner, el Machónico y el Lácar, aunque por el camino se ven bastantes más. Cada uno tiene su carácter: unos son abiertos y ventosos, otros quedan escondidos entre el bosque y aparecen de golpe en una curva.
La forma en que nosotros lo organizamos es esta. Salimos de Bariloche por la mañana, paramos a comer en Villa La Angostura, hacemos la ruta por la tarde con calma y dormimos en San Martín de los Andes. Al día siguiente volvemos por el camino largo, pasando por Junín de los Andes, para no repetir el mismo paisaje dos veces. Son dos días bien aprovechados en los que el coche no es un medio para llegar a algún sitio, sino la mitad del plan.
Las paradas que no me salto nunca son cinco. El mirador del lago Correntoso, casi nada más salir, que ya avisa de lo que viene. El lago Espejo, que hace honor a su nombre si no hay viento y refleja la montaña entera. La cascada Vullignanco, que está a pie de carretera y no cuesta nada ver. El mirador del lago Falkner, el más abierto de todos y el mejor para una parada larga. Y ya en San Martín, la playa del lago Lácar, para terminar el día con los pies en el agua.
El error que veo constantemente es intentar hacerla en un día, ida y vuelta desde Bariloche. Se puede, técnicamente, pero se convierte en ocho horas de coche y se acaba parando en tres miradores a toda prisa. Es justo lo contrario de lo que pide ese paisaje. Si no tenéis dos días, mejor hacer solo la primera mitad y volver, que hacerla entera corriendo.
En cuanto a la época, de noviembre a abril está en su mejor momento, con los días largos y todo abierto. En otoño, en abril, los bosques se ponen rojos y amarillos y es probablemente cuando más bonita está, aunque con menos horas de luz. En invierno puede cerrarse algún tramo por nieve, así que hay que consultar el estado de la ruta antes de salir y no darlo por hecho.
Un apunte práctico: hay pocos sitios para repostar en el tramo y en temporada alta pueden tener cola. Salid con el depósito lleno desde Villa La Angostura. Y llevad algo de comida, porque entre pueblo y pueblo hay bastante distancia y no siempre encontraréis dónde parar cuando os entre el hambre.
Lucas Araujo
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