Voy a empezar con una advertencia: cualquier cifra concreta que escriba hoy puede estar desfasada dentro de tres meses. Argentina lleva décadas conviviendo con inflación alta y, en distintos momentos, con varios tipos de cambio funcionando a la vez. Por eso, en lugar de daros números que caducan, os voy a explicar cómo funciona el asunto, que eso sí se mantiene.
La idea central es esta: el mismo euro puede rendiros cantidades muy distintas según cómo lo cambiéis. No hablamos de una comisión del dos por ciento como en cualquier otro país, sino de diferencias que en algunos periodos han sido enormes. Por eso un viajero informado y uno que no lo está pueden gastar cifras muy distintas haciendo exactamente el mismo viaje. Y por eso lo primero que hacemos con cualquiera que viaja con nosotros es sentarnos a repasar cómo está la situación esa misma semana.
Sobre si llevar efectivo o tarjeta, la respuesta honesta hoy es que conviene llevar las dos cosas. Durante años el efectivo era la única opción sensata y la gente viajaba con fajos de billetes encima. Eso ha cambiado bastante y pagar con tarjeta extranjera ha dejado de ser mala idea, lo cual es un alivio en términos de seguridad. Aun así, hay sitios donde el efectivo sigue siendo rey: pueblos pequeños, ferias, taxis, propinas y casi cualquier cosa fuera de las ciudades grandes.
Si traéis efectivo, traedlo en buen estado. Esto sorprende a los europeos pero es importante. Un billete de cien dólares o de cien euros limpio, sin roturas y sin marcas se cambia mejor que uno arrugado, y los billetes grandes se cambian mejor que los pequeños. No es un capricho: viene de años de desconfianza con el papel moneda falso. Llevad billetes grandes y cuidados y os evitaréis discusiones.
Tres normas básicas que le doy a todo el mundo. La primera: no cambiéis en el aeropuerto más que lo justo para llegar al hotel, porque ahí el tipo siempre es peor. La segunda: preguntad el tipo de cambio antes de entregar el dinero, nunca después, y contad los billetes delante de quien os atiende. Y la tercera: no vayáis con todo el dinero encima. Repartid, dejad la mayor parte en la caja fuerte del hotel y llevad en la cartera lo del día.
Y una que es más de sentido común que de Argentina: desconfiad de quien os aborde por la calle ofreciendo un cambio mucho mejor que el de cualquier otro sitio. Hay muchas maneras de daros billetes de menos o directamente falsos, y el turista recién llegado no las conoce. No hace falta arriesgarse para conseguir un tipo decente.
Con las propinas, la costumbre es dejar alrededor del diez por ciento en restaurantes, y se agradece mucho más en efectivo que sumado a la tarjeta, porque así llega directo a quien os atendió. En los taxis no es obligatorio, aunque se suele redondear hacia arriba. A los guías y a quien os ayuda con las maletas también se les deja algo. No son cantidades grandes y marcan la diferencia en el trato.
Termino con lo que de verdad quiero que quede claro. Argentina no es un país donde os vayan a estafar en cuanto bajáis del avión. Es un país donde el que llega sin información pierde dinero sin enterarse, que es distinto. Con dos o tres nociones claras y alguien que os cuente cómo está la cosa esa semana, el tema del dinero deja de ser un problema y pasa a ser una anécdota más del viaje.
Lucas Araujo
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