De todo lo que he visto en Argentina, esto es lo que menos me esperaba y lo que más me impresionó. Uno va a la Patagonia pensando en glaciares y montañas, y de repente se encuentra con que a media mañana, desde una playa cualquiera, hay ballenas de quince metros a cincuenta metros de donde estás sentado.
La protagonista es la ballena franca austral, que viene a los golfos Nuevo y San José a parir y a criar. Llegan en junio, el mejor momento es entre septiembre y octubre, y se van en diciembre. En primavera hay muchísimas crías, que son mucho más curiosas que los adultos y se acercan a los barcos por su cuenta. Si podéis elegir fechas dentro de la temporada, id en septiembre u octubre.
La forma clásica de verlas es el avistaje en barco desde Puerto Pirámides, que es el único pueblo dentro de la península. Son embarcaciones pequeñas, la salida dura alrededor de hora y media, y la norma es que el barco no persigue a las ballenas: se acerca, apaga motores y espera. Ellas hacen el resto. Si os mareáis con facilidad, id a la primera salida de la mañana, cuando el golfo está más plano.
Pero hay una segunda forma, gratuita, que casi nadie cuenta y que a mí me pareció incluso mejor. A veinte minutos de Puerto Madryn está la playa de El Doradillo, donde la profundidad aumenta muy cerca de la orilla y eso permite que las ballenas se acerquen muchísimo. Se ven desde la arena, sin barco, sin reserva y sin pagar nada. Lo ideal es ir con marea alta y llevar tiempo por delante. Estuve dos horas sentado allí y vi más ballenas que en la navegación.
Ir en barco y no pasar por El Doradillo, o al revés, es quedarse a medias. Son experiencias distintas y se complementan: en el barco las ves de cerca y entiendes el tamaño; en la playa las ves tranquilas, sin motores alrededor, y ese silencio hace que la cosa sea otra.
Y las ballenas no son lo único. La península es Patrimonio de la Humanidad justamente por la concentración de fauna que reúne. Hay elefantes marinos durante todo el año en Caleta Valdés y Punta Delgada, machos de varias toneladas tumbados en la playa que se ven desde miradores en lo alto del acantilado. Hay pingüinos de Magallanes de septiembre a abril, tanto en colonias dentro de la península como en Punta Tombo, que está a tres horas hacia el sur y es una de las mayores del continente. Hay lobos marinos en Punta Loma, con opción de hacer snorkel entre ellos. Y entre febrero y abril, en Punta Norte, las orcas varan en la orilla para cazar, un comportamiento que solo se da en un puñado de sitios del mundo.
Con tres noches en Puerto Madryn se hace todo con calma: un día para el circuito de la península, otro para Punta Tombo y otro para el avistaje y El Doradillo. Lo que no recomiendo es meter la península y Punta Tombo el mismo día, que es lo que intenta media agencia. Quedan en direcciones opuestas y se acaban pasando ocho horas en furgoneta para verlo todo con prisa.
Isaac Cantos
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