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Viajar a Argentina con niños: qué destinos funcionan y cuáles no

Argentina funciona muy bien con niños, pero no todos los destinos ni todos los ritmos.

Isaac Cantos  ·  3 min de lectura

Lo primero que hay que decir es que Argentina es un país fácil para viajar en familia. Los argentinos adoran a los niños, los restaurantes están acostumbrados a que cenen tarde, hay tronas y paciencia, y en ningún sitio os van a mirar mal porque un crío se levante de la mesa. Esa parte está resuelta. Lo que hay que pensar bien es el itinerario.

Los destinos que mejor funcionan son cuatro. Bariloche es el número uno sin discusión: lagos, bosque, chocolate, aerosillas, navegaciones y actividades para todas las edades, con distancias cortas entre unas cosas y otras. Península Valdés es el segundo, y probablemente el que más recuerdan los niños: no hay criatura a la que no le impresione ver una ballena de quince metros a treinta metros de la orilla, o una colonia de pingüinos por la que se camina entre los nidos. Iguazú funciona muy bien porque las pasarelas son cómodas, hay coatíes y mariposas por todas partes y el paseo en lancha es el plato fuerte del viaje para cualquiera menor de quince años. Y Buenos Aires da más juego del que parece, con parques enormes, la reserva ecológica, museos y un partido de fútbol si cuadran las fechas.

Los que cuestan más son los que exigen caminatas largas o altura. El Chaltén, si el plan son nueve horas hasta la Laguna de los Tres, no es para niños pequeños, aunque las caminatas cortas sí funcionan perfectamente. El norte, por la altura, hay que tomárselo con mucha más calma todavía que un adulto: subir despacio, dormir en alturas intermedias y no forzar. Y cualquier itinerario con cuatro vuelos internos en diez días es una mala idea con o sin niños, pero con niños es directamente una garantía de desastre.

El ritmo es lo que más importa. Tres noches mínimo en cada destino. Con niños, cada traslado se lleva medio día de energía de todos, y encadenar destinos convierte unas vacaciones en una mudanza permanente. Es mejor ver tres sitios bien que seis a medias, y esto es cierto siempre, pero con familia es innegociable.

Nuestra recomendación para una primera vez en familia es Buenos Aires, Bariloche y Península Valdés en dos semanas. Son dos vuelos internos, distancias razonables, mucha variedad y ningún día agotador. Sobra tiempo para días tranquilos, que con niños son tan necesarios como los de actividad.

Un par de detalles prácticos. En los hoteles del interior no siempre hay cambiadores ni cunas, así que conviene avisar al reservar. Las distancias por carretera son largas y conviene llevar entretenimiento y comida para el coche. Y en la Patagonia hace frío incluso en verano, sobre todo por la mañana y por la noche, así que la ropa de abrigo no es opcional aunque el viaje sea en enero.

Isaac Cantos

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